lunes, 23 de junio de 2014

ENSAYO : QUE SABEMOS DEL AMOR, ESTAMOS PREPARADOS PARA CONOCERLO, DISFRUTARLO Y GOZARLO

En este presente ensayo el tema principal, central y final, no será otra cosa más, solo y único que “El Amor”, palabra tan sencilla de pronunciar, y que difícil de llevarla a cabo, porque lo pronuncia el niño, el adolescente, la joven quinceañera, la madre, la monja, el padre, el abuelo, la prima, el tío, el sacerdote, el mendigo, el Presidente, el Príncipe, el político, el comerciante, el empresario, los amigos, los esposos, los soldados, los sanguinarios, los asesinos, las víctimas, las presas, las lesbianas, los gays, en fin todo ser viviente humano ha pronunciado estas cuatro letras, mi pregunta es ¿Quién podrá decirme que lo conoce, quién lo ha disfrutado, y más aún quién  lo ha enterrado?

La biblia nos dice en  I Corintios (Cap.13, 4-7).” El amor es paciente y muestra comprensión. El amor no tiene celos, no aparenta ni se infla, No actúa con bajeza ni busca su propio interés, no se deja llevar por la ira y olvida lo malo. No se alegra de lo injusto, sino que se goza en la verdad. Perdura a pesar de todo, lo cree todo, lo espera todo y lo soporta todo”.
Palabras muy profundas que se profesan los novios ante el altar, en una noche mágica de matrimonio, de alegrías, de abrazos, de bendiciones, de baile, de risas, noche de mucha intimidad; pero es cortísimo el tiempo que se puede cumplir  con aquellas palabras, que se escucharon en una ceremonia de una hora y con juramentos como: “hasta que la muerte los separe”. Resultados, matrimonios de cinco meses destruidos, divorcios a los quince años  de casados, esposas golpeadas, esposas violadas, esposos fracasados, hijos abandonados, hijos repartidos… en fin donde quedo el amor que se juraron en una noche mágica.

Tuve la oportunidad de leer la obra de Erich Fromm (psicólogo social, psicoanalista) El arte de Amar. Empieza su obra refiriéndose: “¿Es el amor un arte? En tal caso, requiere conocimiento y esfuerzo. ¿O es el amor una sensación placentera, cuya experiencia es una cuestión de azar, algo con lo que uno “tropieza” si tiene suerte?”.  Lo cierto es que si consideramos al amor como un arte, pues debemos de aprender desde muy jóvenes a prepararnos como artistas, el arte es estética y comunicación, donde se expresan ideas, emociones, el arte tiene una extensa acepción pudiendo designar cualquier actividad humana hecha con esmero y dedicación, o cualquier conjunto de reglas necesarias para desarrollar de forma óptima una actividad, quiere decir tener la capacidad, habilidad, talento, experiencia. Realmente se debe considerar al amor con ese respeto, con esa dedicación, tener disciplina, reglas, mandamientos que nos rigen para sembrar, alimentar, cuidar  y observar cómo crece el amor dentro de nosotros mismos algo intrínseco muy tuyo, el amor eres tú, el amor soy yo, y solo depende nosotros mismos si queremos darnos a los demás para amarlos y más aún dejarnos amar, porque estoy convencida que si uno se ama, se respeta, se valora, se acepta así mismo es mucho más fácil darse a los demás. Que simple y sencillo suenan mis palabras, una teoria corriente, sin más sin menos,  ¿Lo llevamos a la práctica?, nos permitimos esforzarnos en considerar al amor como algo delicado que debemos cuidar día a día. No simplemente no lo practicamos, es más ni lo pensamos.

Sin lugar a duda Fromm, reafirma mis palabras, porque en su obra dice: “El amor al hombre no es, como a menudo se supone, una abstracción que sigue al amor a una persona específica, sino que constituye su premisa, aunque genéticamente se adquiera al amar a individuos específicos
De ello se deduce que mi propia persona debe ser un objeto de mi amor al igual que lo es otra persona. La afirmación de la vida, felicidad, crecimiento y libertad propios, está arraigada en la propia capacidad de amar, esto es, en el cuidado, el respeto, la responsabilidad y el conocimiento. Si un individuo es capaz de amar productivamente, también se ama a sí mismo, sí sólo ama a los demás, no puede amar en absoluto”.
Una vez más puedo decir, que el amor está en nosotros, solo depende como lo educamos, lo preparamos, lo fortalecemos para darnos a los demás, porque si digo que yo amo aquel o aquella y me considero una persona resentida, solitaria, amargada, odiando al que me hizo ver mis errores y mis defectos, como puedo decir que amo. Como veo mis relaciones con las personas de mi entorno, le sonrío al que me cae simpático, agradable, al que soporta mis bromas pesadas, las palabras que no debía decir pero lo dije y aquella persona lo toma como algo ligero sin importancia, pero sé que le dolió, y digo que amo. Como puedo decir que amo, si soy sordo, mudo y ciego ante el dolor de los que me rodean, o como dice Zigmunt Bauman en Amor Liquido, “ ¿Los habitantes de nuestro moderno mundo liquido no son como los habitantes de Leonia, preocupados por una cosa mientras hablan de otra? Dicen que su deseo, su pasión, su propósito o su sueño es “relacionarse”. Pero, en realidad, ¿no están más bien preocupados por impedir que sus relaciones se cristalicen y se cuajen? ¿Buscan realmente relaciones sostenidas, tal como dicen, o desean más que nada que esas relaciones sean ligeras y laxas, siguiendo el patrón de Richard Baxter, según el cual se supone que las riquezas deben “descansar sobre los hombros como un abrigo liviano” para poder “deshacerse de ellas en cualquier momento”?.
Esa es la forma que algunos tenemos de ver nuestras relaciones con los que nos rodean, nos desesperamos por conseguir aquella persona, nos acercamos, las conquistamos y una vez que nos fallen por pequeño que sea ese fallo, simplemente, cortamos la relación, nos desprendemos de ellos como sacudir el polvo de nuestros zapatos, y fue … Entonces donde queda el amor al amigo, el amor a aquella persona que por un momento fue un chispazo, una desesperación por acercarme a ella y luego sin más por un minúsculo error nos convertimos en los jueces más severos, más implacables, y dictamos la sentencia: Adiós, es el final, nunca más, si te vi no me acuerdo. Digo donde queda el amor, ese sentimiento grande y gastado a la vez, la verdad todo se mueve por el interés, es que no estamos educados para conocer el amor, no estamos preparados para llevarlo en nuestra vida.

Pero sin embargo cuando hablamos del amor infantil como dice Erich Fromm en el Arte de Amar: “El amor infantil sigue el principio “Amo porque me aman”. El amor maduro obedece al principio “Me aman porque amo”. El amor inmaduro dice: “Te amo porque te necesito”. El amor maduro dice: “Te necesito porque te amo”.  No hay discusión alguna,  el amor se mueve por la necesidad y por las circunstancias, a mis padres es fácil de amarlos, porque ellos también me aman, lo cierto es que si cometo un error, ellos me perdonan o lo pasan por alto, lo mismo ocurren con mis hermanos y mis primos, siempre he de recordar ese cariño inmenso que nos tenemos, ese respeto, aunque llevo algunos años de no verlos (primos), pero al mencionarlos o al recordarlos llena de alegría mi corazón, puedo decir que tengo amor a mis hermanos y puedo añorar las travesuras, las peleas, los campeonatos; que digo ya me estoy saliendo de mi tema, pero puedo decir con certeza que el amor está en nosotros mismos. Ahora si toco el punto de: “te amo porque te necesito o te necesito porque te amo” estas frases matan al amor, o simplemente no han considerado la esencia del amor. Y las personas siguen sin conocer el amor o al menos hicieran el intento de aprender a conocerlo

Se viene a mi mente un cuento que escuche hace un año, sobre el amor, fue un audio de YouTube: “La muerte del Amor” decía así: Cierto día el ODIO el rey de todos los sentimientos malos, reunió a todos sus súbditos como el egoísmo, los defectos, malas virtudes, sentimientos negros, los deseos más perversos y les dijo: ¿Quiero matar a alguien? Y todos se preguntaban ¿quién sería tan difícil de matar? Para que el ODIO los hubiera reunidos a todos y les dijo con voz enérgica ¿Quiero matar al amor?. El primero en presentarse fue el MAL CARÁCTER y les dijo deme un año y traeré al amor muerto. Paso el tiempo se cumplió el año y él mal carácter informo que había hecho de todo, que cada vez que sembraba una discordia el AMOR lo superaba y salía adelante.
Luego se presentó la AMBICIÓN, luego los CELOS, que inventaban toda clase de artimañas y situaciones para lastimar al AMOR. Año tras año el ODIO envió a todos los compañeros del mal, la ENVIDIA, al EGOISMO, a la POBREZA, a la ENFERMEDAD y muchos otros más. Cuando el AMOR se sentía atacado, se sentía desfallecer todo lo superaba sacaba fuerzas y lograba enfrentar a todos. Entonces el ODIO ya cansado que el AMOR era indestructible les dijo a los demás, basta ya, no hay nada que hacer no hemos logrado vencer al AMOR. De pronto de un rincón del salón salió un sentimiento todo vestido de negro, con un sombrero grande que le ocultaba el rostro, su aspecto era fúnebre como el de la MUERTE dijo con seguridad: ¡Yo mataré al AMOR!. 
Todos se preguntaron ¿Quién era ese? ¿De dónde había salido?. Pasó algún tiempo y el ODIO reunió a todos para comunicarles que por fin el AMOR había muerto, todos estaban felices pero sorprendidos, el sentimiento extraño dijo: Aquí les traigo el AMOR muerto y destrozado, todos querían saber quién había hecho tan grande hazaña y respondió: SOY LA RUTINA. La moraleja del cuento decía ten cuidado de la rutina no dejes que amenace a tu AMOR.

Con el relato de este cuento puedo decir que sin conocer bien el amor, pues ya queremos destruirlo como dice Zygmunt Bauman “No hay nada que promueva tanto una relación cómoda como la mutua adulación. Otra perversión consiste en “querer cambiar a la gente”. El problema es que hay perversiones que suelen ser hijas del amor. La primera perversión puede ser  resultado de mi deseo de comodidad y paz, tal como sugiere Lögstrup. Pero también puede ser – y suele ser así – producto de mi amoroso respeto por el otro; te amo, y por eso te dejo ser como eres y cómo quieres ser,  por más que dude de la sabiduría de tu elección. A pesar del daño que tu obstinación pueda causarte, no me atrevo a contradecirte, para que no te veas obligado a elegir entre tu libertad y mi amor. Puedes contar con mi aprobación, pase lo que pase...”.

Con este fragmento reafirmo que no conocemos al amor, solo manipulamos a las personas a realizar lo que nosotros queremos, aunque esto nos lleve a vivir una vida de infierno, de ”cuadritos” como decimos cuando lo estamos pasando mal, no estamos de acuerdo de la forma en que compartimos nuestros mundos, pero por la única razón que volveré a estar a solas, ya no tengo a quien presentar a mis amistades, estoy soltera, no tengo a quien amar, y quien pagará mis gastos, ya no  podré viajar, quién cumplirá mis caprichos, mis antojos, ese gustito esperado y deseado;  pues solo queda el papel de valiente, de soportar los malos tratos, los insultos, las ofensas, y quedamos como héroes o victimas aceptando todo a cambio de no estar a solas. Eso es amor.

Bauman “La segunda perversión es de la posesividad del amor dejada en libertad sin ninguna restricción. El amor es una de las respuestas paliativas a la bendición/maldición de la individualidad humana, uno de cuyos atributos es la soledad que provoca a condición de estar separado del resto (tal como sugiere Erich Fromm: los humanos de todas las épocas y culturas se enfrentan a la misma pregunta: la que plantea cómo superar la separación, cómo lograr la unión, cómo trascender la propia vida individual y encontrarse “siendo uno con otros”). Todo amor está teñido del impulso antropofágico. Todos los amantes quieren dominar, extirpar y limpiar la irritante alteridad que los separa del amado; la separación del amado es el miedo más intenso del amante, y muchos amantes llegan a cualquier extremo por exterminar de una vez por todas al espectro de la despedida. ¿Y qué mejor medio de alcanzar ese objetivo de convertir al amado en parte inseparable del amante? Adonde vayas, yo voy; lo que hagas, lo hago; lo que yo acepte, tú lo aceptas; lo que yo aborrezca, lo aborrecerás tú. Si no puedes ser mi gemelo siamés… ¡sé mi clon!”
Caemos en una profunda sumisión nuestra realidad es cruel, es despiadada pero porque nosotros lo provocamos, nosotros lo aceptamos, porqué permitimos todas estas carencias, estos vacíos en nuestra existencia, que otros gobiernen nuestras vidas,  hacer y aceptar cosas que no son de nuestro agrado, pero creemos que hacemos lo correcto, y es más nos consideramos los mejores amantes, porque no estamos solos, estamos juntos, estoy con alguien y no estoy solo. Cuanto hace el ser humano por no estar solo, se olvida de sus principios, de su formación y hasta de ser el mismo tan solo por complacer y agradar a la otra persona, de decir que ama, y es más hasta creerse amado, pero no se deja amar,  el amor es libertad,  es el aire fresco que se respira, es la brisa suave que refresca nuestra piel.

Este otro párrafo me parece interesante de Amor Liquido por Zygmunt Bauman
“Ambas partes sabían que el cambio se avecinaba, y ambos lo recibieron con beneplácito: Se arrojaron de cabeza a esas aguas desconocidas; la oportunidad de lanzarse a la aventura de lo desconocido y lo impredecible fue para ellos el atractivo más grande el amor. “El primer alivio de la tensión en el juego brujo del amor ser produce usualmente cuando los amantes se llaman por primera vez por el nombre de pila. “Y – quiero agregar - representa también la promesa de que ambos están dispuestos a incorporar un futuro compartido a su presente a medias compartido y a medias separado. El mañana siguiente a esa incorporación diferirá del hoy – tiene que diferir – del mismo modo que difiere del ayer. John se convertirá en John y Mary,  Mary se convertirá en Mary y John”. Tiene mucho de cierto este fragmento, puedo decir con veracidad que he conocido parejas que por muchos años han convivido un matrimonio que según ellos tienen ese compromiso que hasta que la muerte los separe, y llevan una vida que el amor es solo costumbre, y lo más curioso que ella ahora se comparte como él y él se comporta como ella, ¿pero hubo amor en ellos?,  tuvieron hijos sí, tuvieron nietos sí, pero no les he visto disfrutar del amor, de esa entrega a lo desconocido,  todo formal,  todo discreto,  todo en silencio.  Soportándolo todo, creyéndolo todo. Habrá amor en ellos.

Al leer Fragmentos de un Discurso Amoroso por Roland Barthes, Lo Intratable, Afirmación. Contra viento y marea, el sujeto afirma el amor como valor. “A despecho de las dificultades de mi historia, a pesar de las desazones, de las dudas, de las desesperaciones, a pesar de las ganas de salir de ella, no ceso de afirmar en mí mismo el amor como un valor. Todos los argumentos que los sistemas más diversos emplean para desmitificar, limitar, desdibujar, en suma depreciar el amor, yo los escucho, pero me obstino: “Lo sé perfectamente, pero a pesar de todo…” Remito la devaluaciones del amor a una suerte de moral oscurantista, a un realismo-farsa, contra los cuales levanto lo real del valor: opongo a todo “lo que no va” en el amor: bajo el coro de las “buenas razones” para amar de otro modo, para amar mejor, para amar sin estar enamorado, etc. Se hace oír una voz terca que dura un poco más de tiempo: la voz de lo intratable amoroso.

Que puedo decir ante estas palabras, que el amor es cruel, el amor es imperfecto, la palabra amor encierra el concepto de hacer perder el respeto y la admiración por una persona. Realmente me opongo, no es correcto para mí afirmar  lo que dicen del  amor,  que es oscuro, que es una farza, que es algo borroso o confuso,  se ha perdido la definición de sus contornos, pues yo creo en el amor, y más aún creo que debemos aprender de él, conocerlo, practicarlo, experimentarlo y gozarlo. Sé que me falta mucho por aprender, pero puedo decir que el amor es indispensable en nuestra vida.


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