En este presente ensayo el tema principal,
central y final, no será otra cosa más, solo y único que “El Amor”, palabra tan
sencilla de pronunciar, y que difícil de llevarla a cabo, porque lo pronuncia
el niño, el adolescente, la joven quinceañera, la madre, la monja, el padre, el
abuelo, la prima, el tío, el sacerdote, el mendigo, el Presidente, el Príncipe,
el político, el comerciante, el empresario, los amigos, los esposos, los
soldados, los sanguinarios, los asesinos, las víctimas, las presas, las
lesbianas, los gays, en fin todo ser viviente humano ha pronunciado estas
cuatro letras, mi pregunta es ¿Quién podrá decirme que lo conoce, quién lo ha
disfrutado, y más aún quién lo ha
enterrado?
La biblia nos dice en I Corintios (Cap.13, 4-7).” El amor es paciente y muestra comprensión. El amor no tiene celos,
no aparenta ni se infla, No actúa con bajeza ni busca su propio interés, no se
deja llevar por la ira y olvida lo malo. No se alegra de lo injusto, sino que
se goza en la verdad. Perdura a pesar de todo, lo cree todo, lo espera todo y
lo soporta todo”.
Palabras muy profundas que se profesan los novios
ante el altar, en una noche mágica de matrimonio, de alegrías, de abrazos, de
bendiciones, de baile, de risas, noche de mucha intimidad; pero es cortísimo el
tiempo que se puede cumplir con aquellas
palabras, que se escucharon en una ceremonia de una hora y con juramentos como:
“hasta que la muerte los separe”. Resultados, matrimonios de cinco meses
destruidos, divorcios a los quince años de casados, esposas golpeadas, esposas
violadas, esposos fracasados, hijos abandonados, hijos repartidos… en fin donde
quedo el amor que se juraron en una noche mágica.
Tuve la oportunidad de leer la obra de Erich
Fromm (psicólogo social, psicoanalista) El arte de Amar. Empieza su obra refiriéndose: “¿Es el amor un arte? En tal caso,
requiere conocimiento y esfuerzo. ¿O es el amor una sensación placentera, cuya
experiencia es una cuestión de azar, algo con lo que uno “tropieza” si tiene
suerte?”. Lo cierto es que si
consideramos al amor como un arte, pues debemos de aprender desde muy jóvenes a
prepararnos como artistas, el arte es estética y comunicación, donde se
expresan ideas, emociones, el arte tiene una extensa acepción pudiendo designar
cualquier actividad humana hecha con esmero y dedicación, o cualquier conjunto
de reglas necesarias para desarrollar de forma óptima una actividad, quiere
decir tener la capacidad, habilidad, talento, experiencia. Realmente se debe
considerar al amor con ese respeto, con esa dedicación, tener disciplina, reglas,
mandamientos que nos rigen para sembrar, alimentar, cuidar y observar cómo crece el amor dentro de nosotros
mismos algo intrínseco muy tuyo, el amor eres tú, el amor soy yo, y solo
depende nosotros mismos si queremos darnos a los demás para amarlos y más aún
dejarnos amar, porque estoy convencida que si uno se ama, se respeta, se
valora, se acepta así mismo es mucho más fácil darse a los demás. Que simple y
sencillo suenan mis palabras, una teoria corriente, sin más sin menos, ¿Lo llevamos a la práctica?, nos permitimos
esforzarnos en considerar al amor como algo delicado que debemos cuidar día a
día. No simplemente no lo practicamos, es más ni lo pensamos.
Sin lugar a duda Fromm, reafirma mis palabras,
porque en su obra dice: “El amor al
hombre no es, como a menudo se supone, una abstracción que sigue al amor a una
persona específica, sino que constituye su premisa, aunque genéticamente se
adquiera al amar a individuos específicos
De
ello se deduce que mi propia persona debe ser un objeto de mi amor al igual que
lo es otra persona. La afirmación de la vida, felicidad, crecimiento y libertad
propios, está arraigada en la propia capacidad de amar, esto es, en el cuidado,
el respeto, la responsabilidad y el conocimiento. Si un individuo es capaz de
amar productivamente, también se ama a sí mismo, sí sólo ama a los demás, no
puede amar en absoluto”.
Una vez más puedo decir, que el amor está en
nosotros, solo depende como lo educamos, lo preparamos, lo fortalecemos para
darnos a los demás, porque si digo que yo amo aquel o aquella y me considero
una persona resentida, solitaria, amargada, odiando al que me hizo ver mis
errores y mis defectos, como puedo decir que amo. Como veo mis relaciones con
las personas de mi entorno, le sonrío al que me cae simpático, agradable, al
que soporta mis bromas pesadas, las palabras que no debía decir pero lo dije y
aquella persona lo toma como algo ligero sin importancia, pero sé que le dolió,
y digo que amo. Como puedo decir que amo, si soy sordo, mudo y ciego ante el
dolor de los que me rodean, o como dice Zigmunt Bauman en Amor Liquido, “ ¿Los habitantes de nuestro moderno
mundo liquido no son como los habitantes de Leonia, preocupados por una cosa
mientras hablan de otra? Dicen que su deseo, su pasión, su propósito o su sueño
es “relacionarse”. Pero, en realidad, ¿no están más bien preocupados por
impedir que sus relaciones se cristalicen y se cuajen? ¿Buscan realmente relaciones
sostenidas, tal como dicen, o desean más que nada que esas relaciones sean
ligeras y laxas, siguiendo el patrón de Richard Baxter, según el cual se supone
que las riquezas deben “descansar sobre los hombros como un abrigo liviano”
para poder “deshacerse de ellas en cualquier momento”?.
Esa es la forma que algunos tenemos de ver
nuestras relaciones con los que nos rodean, nos desesperamos por conseguir
aquella persona, nos acercamos, las conquistamos y una vez que nos fallen por
pequeño que sea ese fallo, simplemente, cortamos la relación, nos desprendemos
de ellos como sacudir el polvo de nuestros zapatos, y fue … Entonces donde
queda el amor al amigo, el amor a aquella persona que por un momento fue un
chispazo, una desesperación por acercarme a ella y luego sin más por un minúsculo
error nos convertimos en los jueces más severos, más implacables, y dictamos la
sentencia: Adiós, es el final, nunca más, si te vi no me acuerdo. Digo donde
queda el amor, ese sentimiento grande y gastado a la vez, la verdad todo se
mueve por el interés, es que no estamos educados para conocer el amor, no
estamos preparados para llevarlo en nuestra vida.
Pero sin embargo cuando hablamos del amor
infantil como dice Erich Fromm en el Arte de Amar: “El amor infantil sigue el principio “Amo porque me aman”. El amor
maduro obedece al principio “Me aman porque amo”. El amor inmaduro dice: “Te
amo porque te necesito”. El amor maduro dice: “Te necesito porque te amo”. No hay discusión alguna, el amor se mueve por la necesidad y por las circunstancias,
a mis padres es fácil de amarlos, porque ellos también me aman, lo cierto es
que si cometo un error, ellos me perdonan o lo pasan por alto, lo mismo ocurren
con mis hermanos y mis primos, siempre he de recordar ese cariño inmenso que
nos tenemos, ese respeto, aunque llevo algunos años de no verlos (primos), pero
al mencionarlos o al recordarlos llena de alegría mi corazón, puedo decir que
tengo amor a mis hermanos y puedo añorar las travesuras, las peleas, los
campeonatos; que digo ya me estoy saliendo de mi tema, pero puedo decir con
certeza que el amor está en nosotros mismos. Ahora si toco el punto de: “te amo
porque te necesito o te necesito porque te amo” estas frases matan al amor, o
simplemente no han considerado la esencia del amor. Y las personas siguen sin
conocer el amor o al menos hicieran el intento de aprender a conocerlo
Se viene a mi mente un cuento que escuche
hace un año, sobre el amor, fue un audio de YouTube: “La muerte del Amor” decía
así: Cierto día el ODIO el rey de todos los sentimientos malos, reunió a todos
sus súbditos como el egoísmo, los defectos, malas virtudes, sentimientos
negros, los deseos más perversos y les dijo: ¿Quiero matar a alguien? Y todos
se preguntaban ¿quién sería tan difícil de matar? Para que el ODIO los hubiera
reunidos a todos y les dijo con voz enérgica ¿Quiero matar al amor?. El primero
en presentarse fue el MAL CARÁCTER y les dijo deme un año y traeré al amor
muerto. Paso el tiempo se cumplió el año y él mal carácter informo que había
hecho de todo, que cada vez que sembraba una discordia el AMOR lo superaba y salía
adelante.
Luego se presentó la
AMBICIÓN, luego los CELOS, que inventaban toda clase de artimañas y situaciones
para lastimar al AMOR. Año tras año el ODIO envió a todos los compañeros del
mal, la ENVIDIA, al EGOISMO, a la POBREZA, a la ENFERMEDAD y muchos otros más.
Cuando el AMOR se sentía atacado, se sentía desfallecer todo lo superaba sacaba
fuerzas y lograba enfrentar a todos. Entonces el ODIO ya cansado que el AMOR
era indestructible les dijo a los demás, basta ya, no hay nada que hacer no
hemos logrado vencer al AMOR. De pronto de un rincón del salón salió un
sentimiento todo vestido de negro, con un sombrero grande que le ocultaba el
rostro, su aspecto era fúnebre como el de la MUERTE dijo con seguridad: ¡Yo
mataré al AMOR!.
Todos se preguntaron ¿Quién era ese? ¿De dónde
había salido?. Pasó algún tiempo y el ODIO reunió a todos para comunicarles que
por fin el AMOR había muerto, todos estaban felices pero sorprendidos, el
sentimiento extraño dijo: Aquí les traigo el AMOR muerto y destrozado, todos querían
saber quién había hecho tan grande hazaña y respondió: SOY LA RUTINA. La
moraleja del cuento decía ten cuidado de la rutina no dejes que amenace a tu
AMOR.
Con el relato de este cuento puedo decir que
sin conocer bien el amor, pues ya queremos destruirlo como dice Zygmunt Bauman “No hay nada que promueva tanto una
relación cómoda como la mutua adulación. Otra perversión consiste en “querer
cambiar a la gente”. El problema es que hay perversiones que suelen ser hijas
del amor. La primera perversión puede ser
resultado de mi deseo de comodidad y paz, tal como sugiere Lögstrup.
Pero también puede ser – y suele ser así – producto de mi amoroso respeto por
el otro; te amo, y por eso te dejo ser como eres y cómo quieres ser, por más que dude de la sabiduría de tu
elección. A pesar del daño que tu obstinación pueda causarte, no me atrevo a
contradecirte, para que no te veas obligado a elegir entre tu libertad y mi
amor. Puedes contar con mi aprobación, pase lo que pase...”.
Con este fragmento reafirmo que no conocemos
al amor, solo manipulamos a las personas a realizar lo que nosotros queremos,
aunque esto nos lleve a vivir una vida de infierno, de ”cuadritos” como decimos
cuando lo estamos pasando mal, no estamos de acuerdo de la forma en que
compartimos nuestros mundos, pero por la única razón que volveré a estar a solas,
ya no tengo a quien presentar a mis amistades, estoy soltera, no tengo a quien
amar, y quien pagará mis gastos, ya no podré
viajar, quién cumplirá mis caprichos, mis antojos, ese gustito esperado y
deseado; pues solo queda el papel de
valiente, de soportar los malos tratos, los insultos, las ofensas, y quedamos
como héroes o victimas aceptando todo a cambio de no estar a solas. Eso es
amor.
Bauman “La
segunda perversión es de la posesividad del amor dejada en libertad sin ninguna
restricción. El amor es una de las respuestas paliativas a la
bendición/maldición de la individualidad humana, uno de cuyos atributos es la
soledad que provoca a condición de estar separado del resto (tal como sugiere
Erich Fromm: los humanos de todas las épocas y culturas se enfrentan a la misma
pregunta: la que plantea cómo superar la separación, cómo lograr la unión, cómo
trascender la propia vida individual y encontrarse “siendo uno con otros”). Todo
amor está teñido del impulso antropofágico. Todos los amantes quieren dominar,
extirpar y limpiar la irritante alteridad que los separa del amado; la separación
del amado es el miedo más intenso del amante, y muchos amantes llegan a
cualquier extremo por exterminar de una vez por todas al espectro de la
despedida. ¿Y qué mejor medio de alcanzar ese objetivo de convertir al amado en
parte inseparable del amante? Adonde vayas, yo voy; lo que hagas, lo hago; lo
que yo acepte, tú lo aceptas; lo que yo aborrezca, lo aborrecerás tú. Si no
puedes ser mi gemelo siamés… ¡sé mi clon!”
Caemos en una profunda sumisión nuestra
realidad es cruel, es despiadada pero porque nosotros lo provocamos, nosotros
lo aceptamos, porqué permitimos todas estas carencias, estos vacíos en nuestra
existencia, que otros gobiernen nuestras vidas, hacer y aceptar cosas que no son de nuestro
agrado, pero creemos que hacemos lo correcto, y es más nos consideramos los
mejores amantes, porque no estamos solos, estamos juntos, estoy con alguien y
no estoy solo. Cuanto hace el ser humano por no estar solo, se olvida de sus
principios, de su formación y hasta de ser el mismo tan solo por complacer y
agradar a la otra persona, de decir que ama, y es más hasta creerse amado, pero
no se deja amar, el amor es libertad, es el aire fresco que se respira, es la brisa
suave que refresca nuestra piel.
Este otro párrafo me parece interesante de
Amor Liquido por Zygmunt Bauman
“Ambas
partes sabían que el cambio se avecinaba, y ambos lo recibieron con beneplácito:
Se arrojaron de cabeza a esas aguas desconocidas; la oportunidad de lanzarse a
la aventura de lo desconocido y lo impredecible fue para ellos el atractivo más
grande el amor. “El primer alivio de la tensión en el juego brujo del amor ser
produce usualmente cuando los amantes se llaman por primera vez por el nombre
de pila. “Y – quiero agregar - representa también la promesa de que ambos están
dispuestos a incorporar un futuro compartido a su presente a medias compartido
y a medias separado. El mañana siguiente a esa incorporación diferirá del hoy –
tiene que diferir – del mismo modo que difiere del ayer. John se convertirá en
John y Mary, Mary se convertirá en Mary
y John”. Tiene mucho de cierto este fragmento, puedo decir con
veracidad que he conocido parejas que por muchos años han convivido un
matrimonio que según ellos tienen ese compromiso que hasta que la muerte los
separe, y llevan una vida que el amor es solo costumbre, y lo más curioso que
ella ahora se comparte como él y él se comporta como ella, ¿pero hubo amor en
ellos?, tuvieron hijos sí, tuvieron
nietos sí, pero no les he visto disfrutar del amor, de esa entrega a lo desconocido,
todo formal, todo discreto, todo en silencio. Soportándolo todo, creyéndolo todo. Habrá amor
en ellos.
Al leer Fragmentos de un Discurso Amoroso por
Roland Barthes, Lo Intratable, Afirmación. Contra viento y marea, el sujeto
afirma el amor como valor. “A despecho
de las dificultades de mi historia, a pesar de las desazones, de las dudas, de
las desesperaciones, a pesar de las ganas de salir de ella, no ceso de afirmar
en mí mismo el amor como un valor. Todos los argumentos que los sistemas más
diversos emplean para desmitificar, limitar, desdibujar, en suma depreciar el
amor, yo los escucho, pero me obstino: “Lo sé perfectamente, pero a pesar de
todo…” Remito la devaluaciones del amor a una suerte de moral oscurantista, a
un realismo-farsa, contra los cuales levanto lo real del valor: opongo a todo “lo
que no va” en el amor: bajo el coro de las “buenas razones” para amar de otro
modo, para amar mejor, para amar sin estar enamorado, etc. Se hace oír una voz
terca que dura un poco más de tiempo: la voz de lo intratable amoroso.
Que puedo decir ante estas palabras, que el
amor es cruel, el amor es imperfecto, la palabra amor encierra el concepto de
hacer perder el respeto y la admiración por una persona. Realmente me opongo,
no es correcto para mí afirmar lo que
dicen del amor, que es oscuro, que es una farza, que es algo
borroso o confuso, se ha perdido la
definición de sus contornos, pues yo creo en el amor, y más aún creo que
debemos aprender de él, conocerlo, practicarlo, experimentarlo y gozarlo. Sé
que me falta mucho por aprender, pero puedo decir que el amor es indispensable
en nuestra vida.
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